Disciples leaders respond to the humanitarian crisis on the southern border

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“For the Lord your God…executes justice for the fatherless and the widow, and loves the sojourner, giving him food and clothing. Love the sojourner therefore; for you were sojourners in the land of Egypt.” (Deuteronomy 10:17-19)

Jesus said, “Let the little children come to me, and do not stop them; for it is to such as these that the kingdom of heaven belongs.” (Matthew 19:14)

Dear Church,

Our sacred scriptures are filled with stories of uprooted peoples and prophets in movement, with constant presence and direction from God.  We are inspired by the leading of our Lord who liberated the Israelites, comforted the community as they faced exile and later repatriation, and guided Jesus’ family to safety as they fled persecution under Herod.  We therefore are ready to live out our call to demonstrate radical hospitality and welcome today’s immigrants, refugees, and asylum seekers who are likewise searching for protection from persecution.

Our hearts grieve the deaths of children on the U.S.-Mexico border and in detention facilities while in U.S. custody which are at odds with our call to welcome.  We urge the release of immigrant children and adults held captive within our land in detention holding centers reported in recent weeks by the Office of Inspector General to have “issues of dangerous overcrowding” and sub-standard hygiene requiring “corrective action…critical to the immediate health and safety needs of detainees.” We are appalled by the “prolonged detention of children and adults,” despite regulations aimed to ensure children are housed only in sanitary conditions, are released without unnecessary delay, and would be placed in the least restrictive conditions.

We remember how Jesus announced his ministry “to preach good news to the poor… proclaim release to the captives and…set at liberty those who are oppressed” (Luke 4:18).  We reaffirm our previous commitments against family separations and efforts to end child detention, and we again demand these practices that are keeping children detained in dozens of facilities be ended.  Together with the Oklahoma Conference of Churches, we speak out against the housing of immigrant children at Fort Sill Army post where Japanese Americans were interned during World War II, and “cannot stand silent as this history is repeated with innocent children who will, no doubt, incur trauma and life-altering consequences.”   

Because we believe that love can transcend every cultural divide, we join with ecumenical and interfaith partners to urge all persons seeking asylum be granted full due process and opportunities to pursue protections as guaranteed by national and international laws.  We confess US foreign policies have contributed to exploitation of Central American countries and created root conditions that encourage persons to migrate.

As people of faith, we are eager to “not neglect to show hospitality to strangers” (Hebrews 13:2) and to strengthen our efforts to become “Immigrant Welcoming Congregations.”  Therefore, we urge our government leaders to positively and urgently address the crisis at the border; such as establishing regional refugee processing centers, strengthening asylum protections in the US and Mexico, modernizing ports of entry, using existing funding to US Customs and Border Protection to hire child welfare professionals, supporting proven and community-based alternatives to detention, and addressing the root causes of migration.

In this critical moment, aware that our “ancestor Jacob was a wandering Aramean who went to live as a foreigner in Egypt…but…became a large and mighty nation” (Deuteronomy 26:5, NLT), we seek to faithfully assume our responsibilities to care for the sojourner.  For we remember Jesus’ words that “as you did it to one of the least of these my brethren, you did it to me” (Matthew 25:40).

In Christ’s love,
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Porque el Señor su Dios… hace justicia al huérfano y a la viuda, y que ama también al extranjero y le da pan y vestido. Así que ustedes deben amar a los extranjeros, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto.” (Deuteronomio 10: 17-19)

Entonces Jesús dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos.” (Mateo 19:14)

Querida Iglesia,

Nuestras sagradas escrituras están llenas de historias de pueblos desarraigados y profetas en movimiento, con constante presencia y dirección de Dios. Nos inspiramos en el liderazgo de nuestro Señor que liberó a los israelitas, consoló a la comunidad mientras se enfrentaban al exilio y luego a la repatriación, y guió a la familia de Jesús a un lugar seguro mientras huían de la persecución bajo Herodes. Por lo tanto, estamos listos para cumplir nuestro llamado a demostrar una hospitalidad radical y dar la bienvenida a los inmigrantes, refugiados y solicitantes de asilo de hoy en día que también están buscando protección contra la persecución.

Nuestros corazones lloran la muerte de niños en la frontera de Estados Unidos con México y en centros de detención mientras se encuentran bajo la custodia de los Estados Unidos, lo que está en desacuerdo con nuestro llamado a recibir. Instamos a la liberación de niños y adultos inmigrantes que se encuentran cautivos dentro de nuestra tierra en centros de detención, mismos que de acuerdo al informe en las últimas semanas por la Oficina del Inspector General cuentan con “problemas de sobrepoblación peligroso” y una higiene deficiente que requiere “medidas correctivas … críticas para las necesidades inmediatas de salud y seguridad de los detenidos”. Nos sentimos horrorizados por la “detención prolongada de niños y adultos”, a pesar de las regulaciones destinadas a garantizar que los niños se alojen solo en condiciones sanitarias, sean liberados sin demoras innecesarias y se coloquen en las condiciones menos restrictivas.

Recordamos cómo Jesús anunció su ministerio “de predicar buenas nuevas a los pobres … proclamar la liberación a los cautivos y … poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18). Reafirmamos nuestros compromisos previos contra las separaciones familiares y los esfuerzos para poner fin a la detención de niños, y una vez más, exigimos que se ponga fin a estas prácticas que mantienen a los niños detenidos en docenas de instalaciones. Junto con la Conferencia de Iglesias de Oklahoma, nos manifestamos en contra de el alojamiento de los niños inmigrantes en el puesto del Ejército de Fort Sill donde los estadounidenses de origen japonés fueron internados durante la Segunda Guerra Mundial, y “no podemos permanecer en silencio mientras que esta historia se repite con niños inocentes que, sin duda, incurrirán trauma y consecuencias que alteran la vida”.   

Debido a que creemos que el amor puede trascender todas las divisiones culturales, nos unimos a compañeros ecuménicos e interreligiosos para instar que a toda persona que solicite asilo sea otorgada el debido proceso completo y las oportunidades para buscar protecciones como lo garantizan las leyes nacionales e internacionales.Confesamos que las políticas exteriores de los Estados Unidos han contribuido a la explotación de los países centroamericanos y han creado condiciones de raíz que alientan a las personas a migrar.

Como personas de fe, estamos ansiosos por “no dejan de practicar la hospitalidad a los extraños” (Hebreos 13: 2) y fortalecer nuestros esfuerzos para convertirnos en “Congregaciones de acogida de inmigrantes”. Por lo tanto, instamos a nuestros líderes gubernamentales a abordar de manera positiva y urgente la crisis en la frontera; como el establecimiento de centros regionales de procesamiento de refugiados, el fortalecimiento de las protecciones de asilo en los EE. UU. y México, la modernización de los puertos de entrada, el uso de fondos existentes para Aduanas y Protección de Fronteras de los EE. UU. para contratar profesionales de bienestar infantil, apoyando alternativas a la detención comprobadas y basadas en la comunidad, y abordando las causas fundamentales de la migración.

En este momento crítico, conscientes de que nuestro “antepasado Jacob era un arameo errante que fue a vivir como extranjero en Egipto … pero … se convirtió en una nación grande y poderosa” (Deuteronomio 26: 5, NTV), buscamos asumir fielmente nuestras responsabilidades de cuidar al viajero. Porque recordamos las palabras de Jesús que “les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron” (Mateo 25:40).

En el amor de Cristo,

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Rev. Teresa “Terri” Hord Owens, General Minister and President
Rev. Dr. Timothy James, Associate General Minister and Administrative Secretary of the National Convocation
Rev. Dr. Sharon Stanley-Rea, Director, Disciples Home Missions Refugee & Immigration Ministries
Brad Lyons, Publisher, Christian Board of Publication/Chalice Press